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de pizabay con permiso |
«Jesús rezaba como reza cada hombre en el mundo. Y, sin embargo, en
su manera de rezar, también había un misterio encerrado, algo que
seguramente no había escapado a los ojos de sus discípulos si
encontramos en los evangelios esa simple e inmediata súplica: “Señor,
enséñanos a rezar”. Ellos veían que Jesús rezaba y tenían ganas de
aprender a rezar: “Señor, enséñanos a rezar”. Y Jesús no se niega, no
está celoso de su intimidad con el Padre, sino que ha venido
precisamente para introducirnos en esta relación con el Padre Y así se
convierte en maestro de oración para sus discípulos, como ciertamente
quiere serlo para todos nosotros. Nosotros también deberíamos decir:
“Señor enséñame a rezar. Enséñame”. ¡Aunque recemos quizás desde hace
muchos años, siempre debemos aprender! La oración del hombre, este
anhelo que nace de forma tan natural de su alma, es quizás uno de los
misterios más densos del universo. Y ni siquiera sabemos si las
oraciones que dirigimos a Dios sean en realidad aquellas que Él quiere
escuchar».
(Audiencia de S.S. Francisco, 5 de diciembre de 2018).
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