miércoles, mayo 20

ORAR CON EL SALMO 51

Ten misericordia, Dios mío, por tu bondad.

“ LA BONDAD DE DIOS ES GRANDE”

PRIMER MOMENTO

Ambientación al Salmo.

De todos los seres vivos, la criatura humana es el único ser que, por su semejanza con Dios, puede establecer un diálogo con Él. Este diálogo -hablarle y escucharle- es fundamental para que exista una relación personal entre el ser humano y su Creador. No hacemos oración, pues, para "sentirnos a gusto" o porque no se nos ocurre nada mejor que hacer, sino porque la fe nos hace ver que es necesario ese diálogo con Dios, para complacerle a Él y, de paso, para ver más claro nuestro camino.

Este Salmo - designado tradicionalmente con el nombre de Miserere-es la súplica penitencial por excelencia. El salmista es consciente de su profunda miseria (v. 7) y experimenta la necesidad de una total transformación interior, para no dejarse arrastrar por su tendencia al pecado (v. 4). Por eso, además de reconocer sus faltas y de implorar el perdón divino, suplica al Señor que lo renueve íntegramente, "creando" en su interior "un corazón puro" (v. 12).

El tono de la súplica es marcadamente personal, y en el contenido del salmo se percibe la influencia de los grandes profetas, en especial de Jeremías (24. 7) y Ezequiel (36. 25-27). En él se encuentra, además, el germen de la doctrina paulina acerca del "hombre nuevo" (Col. 3. 10; Ef. 4. 24). Este es uno de los salmos llamados "penitenciales".

Canto de petición.

SEGUNDO MOMENTO

EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO AMÉN.

Oración.

Señor, tú me has dicho, ¡no tengas miedo!, tú me has prometido estar a mi lado en toda adversidad. Hoy siento que es difícil ser signo de tu amor, muchas veces caigo en el error de no serte fiel, necesito de tu fuerza, Señor, para poder seguirte, necesito de tu Espíritu para ser más fuerte ante la tentación.

¡ Oh Jesús que me has llamado para ser uno de tus seguidores!. Dame valentía para anunciar tus maravillas, guíame con tu luz para sobrepasar las adversidades, préndeme de tu poder y así no tener más miedo, dame un corazón como el tuyo, Señor. Amén.

TERCER MOMENTO

Lectura del Salmo 51.

Salmo 51. Miserere:

(manifestación de nuestro pecado y confesión de la bondad divina).

1 Del maestro de coro. Salmo. De David. 2Cuando el profeta Natán lo visitó después de haberse unido aquél a Betsabé.

3 Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,

por tu inmensa ternura borra mi delito,

4 lávame a fondo de mi culpa,

purifícame de mi pecado .

5 Pues yo lo reconozco mi delito,

mi pecado está siempre ante mí;

6 contra ti, contra ti solo pequé,

lo malo a tus ojos cometí.

Por que seas justo cuando hablas

e irreprochable cuando juzgas.

7 Mira que nací culpable,

pecador me concibió mi madre.

8 Y tú amas la verdad en lo íntimo del ser,

en mi interior me inculcas sabiduría.

9 Rocíame con el hisopo, hasta quedar limpio,

lávame hasta blanquear más que la nieve.

10 Devuélveme el son del gozo y la alegría,

se alegren los huesos que tú machacaste.

11 Aparta tu vista de mis yerros,

y borra todas mis culpas.

12 Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,

renueva en mi interior un espíritu firme;

13 no me rechaces lejos de tu rostro,

no retires de mí tu santo espíritu.

14 Devuélveme el gozo de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso;

15 enseñaré a los rebeldes tus caminos,

y los pecadores volverán a ti.

16 Líbrame de la sangre, Dios,

Dios salvador mío,

y aclamará mi lengua tu justicia;

17 abre, Señor, mis labios,

y publicará mi boca tu alabanza.

18 Pues no te complaces en sacrificios,

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas.

19 Dios quiere el sacrificio de un espíritu contrito;

un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias.

20 ¡ sé benévolo y favorece a Sión,

reconstruye los muros de Jerusalén!.

21 Entonces te agradarán los sacrificios legítimos,

-holocausto y oblación entera -

entonces se ofrecerán novillos en tu altar.

CUARTO MOMENTO.

Reflexión del salmo .

El tema de este salmo nos remite al segundo libro de Samuel capítulo 12, David arrepentido y perdonado.

Comienza el salmo con la invocación al Dios misericordioso. Desde los primeros versículos se aprecian las dos ideas fundamentales del salmo: perdón y medios de perdón. En este salmo podemos ver a Samuel como mediador: en nombre de Dios convoca y acusa, en nombre del pueblo pide perdón y confiesa, en nombre de Dios ofrece el perdón.

Dios se sienta como juez. Samuel no es juez sobre Dios y el pueblo. El salmista reconoce su culpa, pero alega, adoctrinado por la experiencia, su inclinación al pecado. El Señor no es juez que condena, sino parte ofendida que perdona. Por eso, el pecador espera la liberación del Señor y la felicidad que le acompaña es la alegría íntima: “Hazme oír el gozo y la alegría”.

El perdón es la respuesta final de Dios a la petición del hombre manifestando su amor y su bondad para el hombre arrepentido. El perdón se puede realizar con la absolución total o con la imposición de alguna penitencia. Por medio de ella, el cristiano recibe el Espíritu de Cristo, el Espíritu que renueva y consuela. Por eso, la confesión nunca debe faltar ni se sustituye por un sacrificio. El perdón es el desenlace normal de la bondad y misericordia de Dios.

El hombre no sólo confiesa su pecado, sino que reconoce la bondad y misericordia de Dios, reconociendo su condición pecadora. El piadoso orante había pedido: “No me quites tu santo espíritu”. Dios quiere una confesión sincera y el propósito de enmienda para conceder el perdón. Dios derrama el Espíritu Santo en el corazón arrepentido. Por eso, en el nombre de Cristo, estamos llamados a reconciliarnos con Dios”.

El Señor rechaza un culto determinado. Dios no admite sacrificios del injusto. Dios pide al hombre que reconozca, que confiese. De alguna manera todos somos ministros de la reconciliación, misioneros de la alianza rota por el pecado. El Señor conoce perfectamente las acciones del hombre, basta su testimonio para garantizar la verdad. Tal es así, que el Evangelio conserva una fuerza de interpelación: Nos pone ante nosotros lo que deberíamos ser y no somos. Dios ofrece al hombre la reconciliación; si el hombre la rechaza, puede perder la ocasión.

La Salvación no está en los sacrificios sin más, sino que llega por un proceso que implica la respuesta del mismo hombre. El pobre espera “la alegría de la salvación, la posesión del Espíritu consolador” y espera que seamos ministros y testigos desinteresados de la riqueza divina. El Espíritu que procede de Dios es divino, está firme y dispuesto, se convierte en dinamismo de la acción humana, produce creaturas nuevas.

La vida no convertida es autojustificación (yo no soy peor que los demás); la conversión es la humildad de confiarse al amor del Otro, amor que se vuelve medida y criterio de mi propia vida”.

“Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla”. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado”. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. Al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: “Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado”. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón (...).“Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado; tú no lo desprecias”. Este es el sacrificio que has de ofrecer. No busques en el rebaño, no prepares navíos para navegar hasta las más lejanas tierras a buscar perfumes. Busca en tu corazón la ofrenda grata a Dios. El corazón es lo que hay que quebrantar. Y no temas perder el corazón al quebrantarlo, pues dice también el salmo: ¡Oh Dios, crea en mi un corazón puro!. Para que sea creado este corazón puro, hay que quebrantar antes el impuro.

Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto por lo que a él le disgusta. Así tu voluntad coincide en algo con la de Dios, en cuanto que te disgusta lo mismo que odia tu Hacedor.

QUINTO MOMENTO.

Reflexionar en silencio el salmo.

Pedir perdón por las faltas cometidas a luz del salmo (reconocer mi pecado).

Para la reflexión del orante .- El hombre, ante Dios, tiene que reconocer su propia «injusticia» e invocar la misericordia; entonces Dios le da su propia justicia, lo «justifica», lo hace justo, que es lo mismo que salvarlo. Éste es el gran juicio de Dios, juicio que comienza acusando, obligando al hombre a una especie de muerte o sacrificio espiritual, para salvarlo desde esa profundidad. En el gran Juicio de Cristo, Dios quiere que su Hijo se haga solidario del hombre, hasta la última consecuencia del pecado, que es la muerte. Pero el Padre salva a su Hijo, demostrando la «justicia» de Jesucristo y convirtiéndolo en nuestra justicia. Este juicio de Cristo, que es muerte y resurrección, se repite en el juicio de la penitencia cristiana.

Este salmo tiene una fuerza especial por la sinceridad con que el salmista expresa su dolor y su arrepentimiento. Conviene fijarse en que la petición se basa en la misericordia de Dios, a quien pide que le renueve en lo más íntimo de su ser "crea en mi un corazón puro". Todo cristiano debería rezar muchas veces este salmo, de gran fuerza poética, para implorar la gracia de la propia restauración interior. Es el salmo penitencial por excelencia.

SEXTO MOMENTO

COMPROMISO

Canto ( Renuévame Señor Jesús).

Señor, Dios de bondad y de gracia, que, para perdonar el pecado del hombre, quisiste que tu Hijo, que no conocía el pecado, se hiciera él mismo pecado por nosotros, mira con amor nuestro corazón quebrantado y humillado y, por la penitencia de tu Iglesia, concédeme y concede al mundo entero la alegría de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Si el ladrón obtuvo la gracia del paraíso, ¿Por qué el cristiano no ha de obtener el perdón?. (San Máximo de Turín, Sermón 53).

Dios no se escandaliza de los hombres. Dios no se cansa de nuestras infidelidades. Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa cuando el hijo vuelve de nuevo a El, cuando se arrepiente y pide perdón. (José Mª Escrivá de Balaguer. Es Cristo que pasa, 64).

No dudéis del perdón, pues, por grandes que sean vuestras culpas,la magnitud de su misericordia perdonará, sin duda, la enormidad de vuestros muchos pecados. San Jerónimo. (Comentario Sobre el profeta Joel ).

Oración

Señor y Padre nuestro, que te manifestaste ante el mundo a través de Jesús, tu Hijo amado, quien pasó entre las aldeas haciendo el bien, sanando a los enfermos, secando las lágrimas y resucitando a los muertos de cuerpo y alma: Te doy gracias de todo corazón, por el regalo de tu amor, con el que te entregaste por el hombre hasta la muerte; por haberme constituido en testigo de ese amor, a pesar de mis debilidades, inconsecuencias y defectos; y por permitirme sacar hoy de su Palabra nuevas motivaciones para ser más auténtico testimonio de tu presencia renovadora en nuestro mundo.

Por la intercesión tu mismo Hijo, y de María, su madre y mejor discípula, te ruego ilumines cada día nuestra inteligencia y muevas con tu amor nuestro corazón, para que siendo eficientes evangelizadores en cada lugar donde nos has colocado, seamos también un día acogidos por tí para siempre, con el amor, bondad y ternura infinita de que eres fuente y origen.

Tú, que vives y amas por los siglos de los siglos. Amén.

Canto de acción de Gracias.

Padrenuestro, avemaría y gloria al Padre....

Bendición Final.

El Señor Dios omnipotente y Misericordioso nos bendiga:

En el nombre del Padre ....

Trabajo realizado por:

Nelson Javier Salgado Blandón.

Presentado a :
P: Humberto Aristizábal, cm.

Materia: Poéticos ( Salmos ) y Sapienciales.

imagen: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Rey_David_por_Pedro_Berruguete.JPG